Jock Young is dead, not his legacy

Uno siempre guarda un recuerdo un tanto memorable de los libros que por primera vez le introducen a un tema. Sobre todo cuando los encontraba en la biblioteca de una Facultad de Derecho donde no es que hubiera mucho más en lo que inspirarse si a uno lo interesaban estos temas. A mí al margen del enciclopédico García-Pablos, a la criminología me metí por la Nueva Criminología de Taylor, Walton y Young.

Uno de mis maestros por aquella época, el penalista Muñoz Conde le gustaba repetir aquello de “incendiario de joven, bombero de mayor”. And boy… Taylor, Walton y Young sabían cómo prender fuego. No dejaban títere con cabeza en su repaso de la criminología que se había publicado antes de la Nueva Criminología. No es de extrañar que Loader y Sparks retomen la metáfora del fuego y el calor a la hora de valorar la contribución que desde las criminologías críticas se hacían al discurso político sobre materias de delincuencia y justicia penal. Este trabajo reconocía como no se había hecho antes la dimensión política de la criminología y claramente reafirmaba aquello que Gunnas Myrdal decía: “la neutralidad es simplemente la máscara del conservadurismo ideológico”.

Con el paso del tiempo comencé a conocer otras criminologías críticas, gracias a su difusión en España por Elena Larrauri y, con mi paso por Estados Unidos, a apreciar otras formas de pensar la criminología, desde una perspectiva menos radical y más reformista. Mi deriva cuantitativa hizo que me distanciara también de algunos de los planteamientos absurdamente numerofóbicos de Young y sus seguidores. Quizás, como diría Muñoz Conde me estaba haciendo bombero y mayor.

And yet… and yet… siento como el legado del trabajo de Young aún sigue vivo dentro de mí: cada vez que leo algo sobre los numerosos escándalos de corrupción corporativa que nos sacuden, cada vez que ves de qué forma se demonizan a los más desfavorecidos como una forma de allanar políticas que recortan derechos sociales y programas asistenciales, cada vez que tus datos documentan la misma señal (la profunda desigualdad de la justicia penal y el carácter constitutivo que las instituciones penales tienen en la configuración de esta desigualdades)… Y ese fuego que se generaba con la lectura de la Nueva Criminología enseña sus llamas y me entra un mosqueo monumental con la situación en la que nos encontramos. Y me pueden las ganas de intentar sacar del estupor a los alumnos que llegan a las clases de criminología inconscientes de que es imposible hacer criminología sin tomar partido explicita o implícitamente.

Puede que Jock Young nos abandonara este triste sábado. Pero tanto su legado como su influencia en toda una generación de criminólogos perduraran.